ENCCLICA REDEMPTORIS MATER PDF

En nombre de toda la Iglesia, siento imperioso el deber de repetir este grito de san Pablo. Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo. Jn 1, 9. Mt 11, Jn 14, 6.

Author:Dikazahn Kigajora
Country:Portugal
Language:English (Spanish)
Genre:Politics
Published (Last):2 February 2006
Pages:242
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La prueba de que sois hijos en que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espritu de su Hijo que clama: Abb Padre!. RMa 1b. Con estas palabras del apstol Pablo, que el Concilio Vaticano II cita al comienzo de la exposicin sobre la bienaventurada Virgen Mara, deseo iniciar tambin mi reflexin sobre el significado que Mara tiene en el misterio de Cristo y sobre su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia.

Pues, son palabras que celebran conjuntamente el amor del Padre, la misin del Hijo, el don del Espritu, la mujer de la que naci el Redentor, nuestra filiacin divina, en el misterio de la plenitud de los tiempos. RMa 1c. Esta plenitud delimita el momento, fijado desde toda la eternidad, en el cual el Padre envi a su Hijo para que todo el que crea en l no perezca sino que tenga vida eterna. Esta plenitud seala el momento feliz en el que la Palabra que estaba con Dios Esta misma plenitud seala el momento en que el Espritu Santo, que ya haba infundido la plenitud de gracia en Mara de Nazaret, plasm en su seno virginal la naturaleza humana de Cristo.

Esta plenitud define el instante en el que, por la entrada del eterno en el tiempo, el tiempo mismo es redimido y, llenndose del misterio de Cristo, se convierte definitivamente en tiempo de salvacin.

Designa, finalmente, el comienzo arcano del camino de la Iglesia. En la liturgia, en efecto, la Iglesia saluda a Mara de Nazaret como a su exordio, ya que en la Concepcin inmaculada ve la proyeccin, anticipada en su miembro ms noble, de la gracia salvadora de la Pascua y, sobre todo, porque en el hecho de la Encarnacin encuentra unidos indisolublemente a Cristo y a Mara: al que es su Seor y su Cabeza y a la que, pronunciando el primer fiat de la Nueva Alianza, prefigura su condicin de esposa y madre.

RMa 2. La Iglesia, confortada por la presencia de Cristo, camina en el tiempo hacia la consumacin de los siglos y va al encuentro del Seor que llega. Pero en este camino deseo destacarlo enseguida procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen Mara, que avanz en la peregrinacin de la fe y mantuvo fielmente la unin con su Hijo hasta la Cruz.

Tomo estas palabras tan densas y evocadoras de la Constitucin Lumen Gentium, que en su parte final traza una sntesis eficaz de la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la Madre de Cristo, venerada por ella como madre suya amantsima y como su figura en la fe, en la esperanza y en la caridad. RMa 2b. Poco despus del Concilio, mi gran predecesor Pablo VI quiso volver a hablar de la Virgen Santsima, exponiendo en la Carta Encclica Chisti Matri y ms tarde en las Exhortaciones Apostlicas Signum magnum y Maralis cultus los fundamentos y criterios de aquella singular veneracin que la Madre de Cristo recibe en la Iglesia, as como las diferentes formas de devocin Mariana litrgicas, populares y privadas correspondientes al espritu de la fe.

RMa 3a. La circunstancia que ahora me empuja a volver sobre este tema es la perspectiva del ao dos mil, ya cercano, en el que el Jubileo bimilenario del nacimiento de Jesucristo orienta, al mismo tiempo, nuestra mirada hacia su Madre. En los ltimos aos se han alzado varias voces para exponer la oportunidad de hacer preceder tal conmemoracin por un anlogo Jubileo, dedicado a la celebracin del nacimiento de Mara. RMa 3b. En realidad, aunque no sea posible establecer un preciso punto cronolgico para fijar la fecha del nacimiento de Mara, es constante por parte de la Iglesia, la conciencia de que Mara apareci antes de Cristo en el horizonte de la historia de la salvacin.

Es un hecho que, mientras se acercaba definitivamente la plenitud de los tiempos, o sea el acontecimiento salvfico del Emmanuel, la que haba sido destinada desde la eternidad para ser su Madre ya exista en la tierra.

Este preceder suyo, a la venida de Cristo se refleja cada ao en la liturgia de Adviento. Por consiguiente, si los aos que se acercan a la conclusin del segundo Milenio despus de Cristo y al comienzo del tercero se refieren a aquella antigua espera histrica del Salvador, es plenamente comprensible que en este perodo deseemos dirigirnos de modo particular a la que, en la noche de la espera de Adviento, comenz a resplandecer como una verdadera estrella de la maana Stella matutina. En efecto, igual que esta estrella junto con la aurora precede la salida del sol, as Mara desde su concepcin inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del sol de justicia en la historia del gnero humano.

RMa 3c. Su presencia en medio de Israel tan discreta que pas casi inobservada a los ojos de sus contemporneos resplandeca claramente ante el Eterno, el cual haba asociado a esta escondida hija de Sin al plan salvfico que abarcaba toda la historia de la humanidad. Con razn pues, al trmino del segundo Milenio, nosotros los cristianos, que sabemos como el plan providencial de la Santsima Trinidad sea la realidad central de la revelacin y de la fe, sentimos la necesidad de poner de relieve la presencia singular de la Madre de Cristo en la historia, especialmente durante estos ltimos aos anteriores al dos mil.

RMa 4a. En efecto, si es verdad que el misterio del hombre slo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado como proclama el mismo Concilio , es necesario aplicar este principio de modo muy particular a aquella excepcional hija de las generaciones humanas, a aquella mujer extraordinaria que lleg a ser Madre de Cristo. Slo en el misterio de Cristo se esclarece plenamente su misterio. As, por los dems, ha intentado leerlo la Iglesia desde el comienzo.

El misterio de la Encarnacin le ha permitido penetrar y esclarecer cada vez mejor el misterio de la Madre del Verbo encarnado. En este profundizar tuvo particular importancia el Concilio de feso a. El Hijo de Dios As pues, mediante el misterio de Cristo, en el horizonte de la fe de la Iglesia resplandece plenamente el misterio de su Madre. A su vez, el dogma de la maternidad divina de Mara fue para el Concilio de Efeso y es para la Iglesia como un sello del dogma de la Encarnacin, en la que el Verbo asume realmente en la unidad de su persona la naturaleza humana sin anularla.

RMa 5a. El Concilio Vaticano II, presentando a Mara en el misterio de Cristo, encuentra tambin, de este modo, el camino para profundizar en el conocimiento del misterio de la Iglesia. El texto conciliar acerca significativamente esta verdad sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo segn la enseanza de las Cartas paulinas a la verdad de que el Hijo de Dios por obra del Espritu Santo naci de Mara Virgen.

La realidad de la Encarnacin encuentra casi su prolongacin en el misterio de la Iglesia-cuerpo de Cristo. Y no puede pensarse en la realidad misma de la Encarnacin sin hacer referencia a Mara, Madre del Verbo encarnado. RMa 5b. En las presentes reflexiones, sin embargo, quiero hacer referencia sobre todo a aquella peregrinacin de la fe, en la que la Santsima Virgen avanz, manteniendo fielmente su unin con Cristo. De esta manera aquel doble vnculo, que une la Madre de Dios a Cristo y a la Iglesia, adquiere un significado histrico.

No se trata aqu slo de la historia de la Virgen Madre, de su personal camino de fe y de la parte mejor que ella tiene en el misterio de la salvacin, sino adems de la historia de todo el Pueblo de Dios, de todos los que toman parte en la misma peregrinacin de la fe. RMa 5c. Esto lo expresa el Concilio constatando en otro pasaje que Mara precedi, convirtindose en tipo de la Iglesia Este preceder suyo como tipo, o modelo, se refiere al mismo misterio ntimo de la Iglesia, la cual realiza su misin salvfica uniendo en s como Mara las cualidades de madre y virgen.

Es virgen que guarda pura e ntegramente la fe prometida al Esposo y que se hace tambin madre RMa 6a. Todo esto se realiza en un gran proceso histrico, y por as decir, en el camino. La peregrinacin de la fe indica la historia interior, es decir la historia de las almas. Pero sta es tambin la historia de los hombres, sometidos en esta tierra a la transitoriedad y comprendidos en la dimensin de la historia.

En las siguientes reflexiones deseamos concentrarnos ante todo en la fase actual, que de por s no es an historia, y sin embargo la plasma sin cesar, incluso en el sentido de historia de la salvacin. Aqu se abre un amplio espacio, dentro del buen la bienaventurada Virgen Mara sigue precediendo al Pueblo de Dios.

Su excepcional peregrinacin de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia, para los individuos y comunidades, para los pueblos y naciones, y, en cierto modo, para toda la humanidad. De veras es difcil abarcar y medir su radio de accin.

RMa 6b. El Concilio subraya que la Madre de Dios es ya el cumplimiento escatolgico de la Iglesia: La Iglesia ha alcanzado en la Santsima Virgen la perfeccin, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga y al mismo tiempo que los fieles luchan todava por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a Mara, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos. La peregrinacin de la fe ya no pertenece a la Madre del Hijo de Dios; glorificada junto al Hijo en los cielos, Mara ha superado ya el umbral entre la fe y la visin cara a cara.

Al mismo tiempo, sin embargo, en este cumplimiento escatolgico no deja de ser la estrella del mar Maris Stella para todos los que an siguen el camino de la fe. Si alzan los ojos hacia ella en los diversos lugares de la existencia terrena lo hacen porque ella dio a luz al Hijo, a quien Dios constituy primognito entre muchos hermanos, y tambin porque a la generacin y educacin de estos hermanos y hermanas coopera con amor materno.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo. Estas palabras de la Carta a los Efesios revelan el eterno designio de Dios Padre, su plan de salvacin del hombre en Cristo. En un plan universal, que comprende a todos los hombres creados a imagen y semejanza de Dios.

Todos, as como estn incluidos al comienzo de la obra credora de Dios, tambin estn incluidos eternamente en el plan divino de la salvacin, que se debe revelar completamente, en la plenitud de los tiempos, con la venida de Cristo. En efecto, Dios, que es Padre de nuestro Seor Jesucristo, son las palabras sucesivas de la misma Carta nos ha elegido en l antes de la fundacin del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligindonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, segn el beneplcito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos agraci en el Amado.

En l tenemos por medio de su sangre la redencin, el perdn de los delitos, segn la riqueza de su gracia. RMa 7b. El plan divino de la salvacin, que nos ha sido revelado plenamente con la venida de Cristo, es eterno. Est tambin segn la enseanza contenida en aquella Carta y en otras Cartas paulinas eternamente unido a Cristo. Abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar particular a la mujer que es la Madre de aquel, el cual el Padre ha confiado la obra de la salvacin.

Como escribe el Concilio Vaticano II, ella misma es insinuada profticamente en la promesa dada a nuestros primeros padres cados en pecado, segn el libro del Gnesis. As tambin, ella es la Virgen que concebir y dar a luz un Hijo cuyo nombre ser Emmanuel, segn las palabras de Isaas.

De este modo el Antiguo Testamento prepara aquella plenitud de los tiempos, en que Dios envi a su Hijo, nacido de mujer La venida del Hijo de Dios al mundo es el acontecimiento narrado en los primeros captulos de los Evangelios segn Lucas y Mateo.

RMa 8a. Mara es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a travs de este acontecimiento: la anunciacin del ngel. Acontece en Nazaret, en circunstancias concretas de la historia de Israel, el primer pueblo destinado de las promesas de Dios. El mensajero divino dice a la Virgen: Algrate, llena de gracia, el Seor est contigo. Mara se conturb por estas palabras, y discurra qu significara aquel saludo.

Qu significaran aquellas extraordinarias palabras y, en concreto, la expresin llena de gracia Kejaritomne. RMa 8b. Si queremos meditar junto a Mara sobre estas palabras y, especialmente sobre la expresin llena de gracia, podemos encontrar una verificacin significativa precisamente en el pasaje anteriormente citado de la Carta a los Efesios.

Si, despus del anuncio del mensajero celestial, la Virgen de Nazaret es llamada tambin bendita entre las mujeres, esto se explica por aquella bendicin de la que Dios Padre nos ha colmado en los cielos, en Cristo.

Es una bendicin espiritual, que se refiere a todos los hombres, y lleva consigo la plenitud y la universalidad toda bendicin , que brota del amor que, en el Espritu Santo, une al Padre el Hijo consubstancial.

Al mismo tiempo, es una bendicin derramada por obra de Jesucristo en la historia del hombre desde el comienzo hasta el final: a todos los hombres. Sin embargo, esta bendicin se refiere a Mara de modo especial y excepcional; en efecto, fue saludada por Isabel como bendita entre las mujeres.

RMa 8c. La razn de este doble saludo es, pues, que en el alma de esta hija de Sin se ha manifestado, en cierto sentido, toda la gloria de su gracia, aquella con la que el Padre nos agraci en el Amado.

El mensajero saluda, en efecto, a Mara como llena de gracia; la llama as, como si ste fuera su verdadero nombre. No llama a su interlocutora con el nombre que le es propio en el registro civil: Miryam Mara , sino con este nombre nuevo: llena de gracia.

Qu significa este nombre? Porqu el arcngel llama as a la Virgen de Nazaret?. RMa 8d. En el lenguaje de la Biblia gracia significa un don especial que, segn el Nuevo Testamento, tiene la propia fuente en la vida trinitaria de Dios mismo, de Dios que es amor.

Fruto de este amor, es la eleccin de la que habla la Carta a los Efesios.

BELLOCH PSICOPATOLOGIA PDF

CARTA ENCÍCLICA REDEMPTORIS MATER

Seminario Redemptoris Mater What deep understanding existed between Jesus and his mother? After ordinationthe Ordinary of their diocese may appoint them to a parish refemptoris for resemptoris other service in the diocese; he may also send them to serve in other dioceses of the world where bishops have asked for help. Since up till now we have been speaking of your actual or eventual fellow laborers, there remains one more thing under this heading to be suggested for your careful consideration; which if it could be brought into being would, we believe, prove to be particularly fruitful and conducive towards a more rapid spread of the Faith. The reason was that, although the monks, as a rule, shunned the care of souls and other exterior ministry, yet they came by degrees to combine envclica works of active life with their pondering on divine things and their contemplation.

TESTO 327-1 PDF

Carta Encíclica Redemtoris Mater

At fixed hours of the day and of the night they encclicaa in the monastic church, to chant the divine office singing the whole of it viva et rotunda voce with a voice that is lively and full according to the very ancient Gregorian melodies of their choir books, and with the accompaniment of no musical instrument. On that wood of the Cross her Son hangs in agony as one condemned. If he has eternally willed to call man to share in the divine nature cf. Ecumenical Council of Chalcedon, o. In these Icons the Virgin shines as the image of divine beauty, the abode of Eternal Wisdom, the figure of the one who prays, the prototype of contemplation, the image of glory: It can be said that a consent to motherhood is above all a result of her total selfgiving to God in virginity.

CONCONE TUBA PDF

-Resumen de Carta Encíclica Redemptoris Mater

He said, too, that he especially loved the aforementioned Order and the members thereof who unceasingly serve the Lord in the contemplation of divine and lofty things. We know that at the beginning of this journey Mary is present. This is the message of the Land of Palestine, the spiritual homeland of all Christians because it was the homeland of the Savior of the world and of his Mother. It possesses a specifically maternal character, which distinguishes it from the mediation of the other creatures who in various and always subordinate ways share in the one mediation of Christ, although her own mediation is also a shared mediation.

AP89085 DATASHEET PDF

ENCCLICA REDEMPTORIS MATER PDF

La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de la salvacin, porque al llegar la plenitud de los tiempos, envi Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, para que recibieran la filiacin adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espritu de su Hijo que clama: Abb, Padre! Gl 4, Con estas palabras del apstol Pablo, que el Concilio Vaticano II cita al comienzo de la exposicin sobre la bienaventurada Virgen Mara, 1 deseo iniciar tambin mi reflexin sobre el significado que Mara tiene en el misterio de Cristo y sobre su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia.

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